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miércoles, 25 de mayo de 2016

Sobre el honor - Carlos Arturo Navarro Ferrari


Sobre el Honor - Carlos Arturo Navarro Ferrai

Sobre el honor

Cualquiera entenderá que a través del insulto, la injusticia, la grosería y la rudeza sólo está menoscabando su honor verdadero y natural, o sea, aquel que reside en la opinión, que es involuntaria, y no en las expresiones, que son arbitrarias, pues todo lo que haga u omita repercutirá únicamente sobre su propio honor, y nunca sobre el ajeno. A partir de ese momento, todos se cuidarían de insultar, como ahora se cuidan de ser insultados, y a nadie se le ocurrirá responder a los agravios de los demás con agravios iguales o mayores, así como ahora cuando en el mercado una vendedora de legumbres o pescado nos insulta furiosa a causa de un simple empujón, no hacemos sino reírnos de su tosquedad; asimismo, todos se guardarán de descender —como dice Demóstenes— a una liza como la descrita, donde es obvio que el vencido se convierte en vencedor. Y cuando uno ya no sea educado en la quimera de considerar que las palabras insultantes vulneran su honor, ellas ya no podrán seguir hiriendo la susceptibilidad, como lo hacen ahora, sino que se volverán contra aquel que las profirió, que de ese modo se estará perjudicando a sí mismo.

Schopenhauer

In summa - Carlos Arturo Navarro Ferrari


In summa - Carlos Arturo Navarro Ferrari


In summa

Mi posición con respecto a las ofensas o a los insultos, sean estos de palabra o de obra, es que ciertamente pueden llegar a irritar o disgustar a un hombre razonable, pero que en manera alguna afectan su honor, pues este consiste únicamente en la opinión que se tiene de él, opinión que no puede ser cambiada por cosas que provienen de fuera (a menos que estemos hablando de mentes imbéciles, cuya opinión de todas formas cuenta poco); que, en consecuencia, no hay nada de malo en que dicha persona exteriorice moderadamente su irritación o disgusto, lo cual debería ser excusado entonces como una muestra de debilidad humana, y no exigido como un deber para con su honor; y que, en fin, si aquel lograse pensar de manera lo suficientemente magnánima como para hacer caso omiso de lo sucedido, su honor, en lugar de disminuir, se vería acrecentado.

Schopenhauer

Boomerang - Carlos Arturo Navarro Ferrai

Boomerang - Carlos Arturo Navarro Ferrari


Boomerang

Vemos así que los buenos antiguos estaban convencidos de que las palabras y las obras sólo honran o deshonran a aquel de quien proceden, y a nadie más. En eso coinciden con un ingenioso autor italiano de nuestros días, Vicenzo Monti, para quien las injurias son como las procesiones religiosas, que regresan siempre a su punto de partida.


Schopenhauer

El honor procede del individuo y nadie o nada más - Carlos Arturo Navarro Ferrari


El honor procede del individuo y de nadie más - Carlos Arturo Navarro Ferrari


El honor procede del individuo y nadie o nada más

La negatividad no debe, sin embargo, confundirse con pasividad. No por negativo el carácter del honor deja de ser sumamente activo: es decir, procede del individuo sobre el que recae el honor, y de nada o nadie más. Nuestro honor procede desde dentro, no desde fuera (en cuyo caso sería pasivo); hunde en nosotros sus raíces, aunque florezca externamente; y se basa en lo que hacemos y omitimos, y no en lo que nos pueda suceder; es una τῶν ἐφ ἡμῖν [«una de las cosas que dependen de nosotros»]. Nada ni nadie, sin excepción de la calumnia, nos lo puede arrebatar, o conceder; por lo que resulta más apropiado decir que cada cual es el forjador de su honor, que decir que lo es de su felicidad.
Y aunque es cierto que la opinión general está, como la individual, sujeta al error y al engaño, no lo está, ni de lejos, en el mismo grado o duración que esta última; ya que el público, o sea, el círculo de influencia de cada cual, es un Argos de cien ojos que todo lo ven: se lo puede engañar, pero nunca a la larga; y el honor se basa en asuntos en los que el público es juez competente, siempre que disponga de los datos suficientes. La calumnia termina por descubrirse y la hipocresía es finalmente desenmascarada. De ahí que para conservar el honor no haya medio más seguro que el de ser digno del mismo, es decir, que en obras y acciones uno se mantenga fiel a la verdadera rectitud. La mayoría de la gente suele, por ello, identificar al honor con esta su fuente, sin distinguir entre el significado de uno y otra; y eso explica también que, no obstante hallarse el honor completamente fuera de nosotros, a saber, en la cabeza de los demás, solamos considerarlo como parte integral de nuestra personalidad, lo que viene confirmado por todas las expresiones con las que usualmente nos referimos a él, como «un hombre de honor», o «un hombre sin honor». E incluso llegamos a aplicar esta última expresión a quien, no habiendo perdido todavía su honor, demuestra con su conducta que no le importa un ápice conservarlo.


Schopenhauer